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Diabetes y alcohol. Fibrosis, cicatrices que perjudican el funcionamiento de los órganos

Diabetes y alcohol. Fibrosis, cicatrices que perjudican el funcionamiento de los órganos
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Si se las trata de definir con exactitud, las fibrosis en los órganos no son una enfermedad. En realidad, la fibrosis es un proceso que aparece en varias enfermedades y transforma los órganos de tal manera que ya no pueden trabajar correctamente. El detonante suelen ser daños crónicos como por ejemplo inflamaciones.

Como reacción ante esos daños, en las células del tejido conectivo se forman varios coágulos. Los coágulos funcionan en el cuerpo como el cemento que mantiene unidas las células. Si este "cemento" toma la delantera, las células ya no pueden comunicarse correctamente entre sí, no intercambian más productos metabólicos y no pueden cumplir con sus funciones.


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Los daños son provocados, por ejemplo, por un alto nivel de azúcar en sangre, presión sanguínea alta, el grado de concentración de alcohol en sangre, alergias, infecciones como hepatitis C o inflamaciones crónicas. Si el estímulo es duradero, esas células de los órganos son reemplazadas con el tiempo por tejido cicatrizante. Este aumento no deseado del tejido conectivo es el aspecto distintivo de todas las fibrosis.

Los órganos que se ven afectados por ella son el hígado, los riñones, los pulmones, el páncreas, pero también la piel, los ojos, la médula ósea y el corazón. La debilidad del corazón en edad avanzada también es consecuencia del debilitamiento del músculo y procesos fibróticos. La arterioesclerosis forma asimismo parte de los llamados procesos fibróticos.

El que la mayoría de las personas nunca haya escuchado hablar de fibrosis en los órganos tiene que ver con que las enfermedades suelen recibir otro nombre. Cuando los riñones colapsan debido a una alta presión sanguínea o un daño por diabetes y alcohol, se suele hablar de nefropatía hipertensiva o diabética. Lo más correcto sería hablar, sin embargo, de fibrosis en los riñones.

Y, salvo algunas excepciones, el cáncer de hígado suele originarse en un órgano modificado por fibrosis. Los médicos afirman que un carcinoma en el bronquio o en el hígado suele ser el iceberg que asoma por arriba. Debajo suele haber como base una fibrosis.

Sin embargo, en principio, el proceso puede ser revertido: si en el caso del hígado, por ejemplo, se elimina el alcohol como estímulo crónico, estas cicatrizaciones ceden. Como última opción está un trasplante de órgano.

Esto podría cambiar pronto, ya que se está investigando qué moléculas participan en qué formas de fibrosis. Los mecanismos inmunológicos y los procesos de inflamación suelen tener una importancia clave en la mayoría de las enfermedades por fibrosis.

Uno de los problemas en la búsqueda de una terapia adecuada es que en realidad las fibrosis tienen un sentido biológico, ya que son procesos de sanación. Si se los inhibe con medicamentos, se ponen en juego demasiados efectos secundarios. Por eso, hasta que haya terapias efectivas, los médicos apuestan sobre todo a la prevención y recomiendan, por ejemplo, no tomarse las infecciones crónicas a la ligera.